UN 2018 QUE MUERE LENTAMENTE

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Por: Byron Mural

Jalapa y el mundo despiden un año más, un año que agoniza y que ha dejado un baño de sangre para nuestro amado pueblo, fue el año más violento en la historia de esta porción de tierra guatemalteca. Mientras que las autoridades volteaban su mirada hacia otros asuntos menos importantes, la violencia encontró un terreno fértil y los jalapanecos empezamos a sentirnos inseguros, asechados y vulnerables.

Fue a nuestro pesar, un año infinitamente difícil, donde parecía que el sol no aparecería nunca en el cielo y que los nubarrones se habían congelado en las alturas, haciendo de nuestro municipio un cementerio lúgubre y con vibras extrañas.  Pero no todo ha sido terror, pánico e inseguridad, Jalapa sigue siendo atractivo por su frágil clima, por su gente que trabaja y hace que ésta ciudad aun tenga vestigios de la gloria que un día la cubrió.

Aún sigue siendo la Jalapa de mi infancia, la tierra donde la gente aún sonríe, es cordial y atenta, gente que madruga para conseguir el pan de cada día, gente bravía, gente de carácter y que lucha por que sus hijos hereden una tierra mejor que sus padres les dejaron, pero poco a poco esos sueños se evaporan, por culpables como yo, como usted, como todos, que somos espectadores y no hacemos nada porque la situación mejore, no toda la culpa la tienen las autoridades y no toda la culpa la tenemos nosotros. Jalapa aún, en el estado demacrado en el que se encuentra espera que un día despertemos y le devolvamos la gloria de la cual un día se jactó.

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