¿DÓNDE ESTÁ LA POLICÍA?

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Por: Byron Mural

 

Era un domingo cualquiera, la fecha no la recuerdo, mis amigos me habían invitado –casi como siempre- a almorzar con ellos, así que fuimos a nuestro restaurante favorito. Pedimos el almuerzo y una cerveza para cada uno, estábamos sentados muy tranquilos, charlando cuando un niño, de esos que venden chicles subió y nos ofreció, uno de mis amigos le compró uno y creo que yo compré un bombón, el niño se sentó en una mesa contigua y el dueño del restaurante muy amablemente le regaló un plato de comida, era un niño con harapos, admiré el acto, el niño se sentó y empezó a comer a prisa, no tardó ni dos minutos cuando empezó a recoger sus cosas y a guardar la comida.

-¿No tienes hambre papa?—

Le pregunté, mientras él negaba con la cabeza, se levantó a prisa y se fue.

-¿A dónde creen que va?—

Pregunté a mis amigos. Criss, con ese don que tiene de intuir las cosas me respondió.

-Va a compartir esa comida con su mamá y sus hermanitos, lo apuesto—

 

En cada semáforo uno se topa con niños vendiendo chicles, dulces y todo tipo de productos y la pregunta del millón es: ¿Dónde está la policía? ¿No se supone que el trabajo para menores está prohibido? Los padres de estos niños los explotan cuando éstos deberían estar en la escuela, pero… ¿Cómo van a ir a la escuela, si la educación es solo para la gente rica?

Nuestro país parece estrellarse contra un muro de frialdad de parte de la sociedad, de la religión y de las organizaciones que parecen ciegas ante la mala administración de un gobierno que parece seguir la corriente de los anteriores gobernantes, saquear al país.  Podríamos no comprarles dulces a esos niños para no ser parte del problema, pero esos niños si no venden los padres los golpean y abusan de ellos, entonces… ¿somos parte del problema o caminamos indiferentes por las banquetas de ésta ciudad que poco a poco se vuelve más frívola?

 

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