YO, LA OVEJA NEGRA

105

Por: Byron Mural

 

El término “Oveja negra” se refiere generalmente a los hijos o hijas de una familia ejemplar y educada, que no sigue los parámetros de dicha estirpe, se asocia a hijos hundidos en vicios o de dudosa reputación, pero no necesariamente se le puede asociar a malas actitudes.

 

El término “Oveja negra” se puede aplicar también a ese hijo o hija que ha nadado contra la corriente o que se ha arrojado del nido y volado en otros cielos, esos hijos que no han seguido las tradiciones familiares y han decidido tomar las riendas de sus vidas y cortar el cordón umbilical familiar para ser libres y prósperos.  También se puede acuñar este término a los hijos que no piensan como sus padres, que tienen formas de actuar y pensar muy diferentes al resto de la familia, son entonces esa excepción que los hace únicos y únicas.

 

Cuando cruzamos por la etapa de la adolescencia, estamos en medio de conflictos, es allí donde nuestro carácter se forma y tendemos a querer complacer a nuestros padres, que muchas veces tienen pensamientos retrógradas y también queremos complacer a nuestros amigos, maestros o queremos ser una imitación de alguien que hemos visto en persona, en televisión o internet, pero también es allí –en la etapa de la adolescencia— donde tomamos una de las más importantes decisiones, ¿voy a ser yo mismo? O ¿voy a ser una imitación barata de mi padre, mi madre, mis hermanos o ése artista que tanto admiro?

 

Las ovejas negras solemos, dar un paso a un lado y forjar nuestro camino a nuestra manera, a nuestro estilo, rompiendo con parámetros sociales y arrojando al acantilado los deseos de todos para cumplir nuestros propios sueños, eso hacemos las ovejas negras, no nos sacrificamos y no ponemos el bien de los demás por el propio y aunque suena egoísta, creemos firmemente que primero debemos estar bien nosotros, para que los que nos rodean lo estén, odiamos los sacrificios en pro de los demás y no es porque seamos unos malvados, simplemente creemos que el sacrificar algo para hacer sentir bien a los demás, va en contra de nuestra naturaleza.

 

Compartir