SOLEDAD, FUENTE DE INSPIRACIÓN… Y MUERTE

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Por: Byron Mural

Cuando era niño tuve un accidente, pasé tres años postrado en cama, en el hospital no me trataron muy bien para ser honesto y eso que permanecí allí haciéndoles mal obra durante apenas 22 días, mi mamá me traslado a nuestra casa, bueno si es que se le puede llamar casa a este cutrichil, doña Mariana, una señora muy católica obligó a su hija Carmencita a que me diera terapia, vino cuatro veces a la semana durante estos tres años, a veces de mala gana y a veces hasta  lastimaba mis piernas. A pesar del dolor que eso me producía siempre la esperaba.

He tenido terribles ataques de depresión, mis amigos se esfumaron y me he quedado solo, ya no soy el chico popular de la aldea, ya nadie viene a verme y los hermanos de la iglesia se olvidaron de mí, rezan y rezan, pero se han olvidado que yo necesito palabras de aliento.  Con el tiempo me he puesto de pie, luego de usar por largo tiempo la silla de ruedas, hoy uso muletas, a veces con todo mi esfuerzo salgo al campo de futbol, no muy lejos de mi casa, mi mamá no me ayuda porque la pobre tiene que moler, planchar y lavar ajeno, si no es así no comemos, tuve la desgracia de ser hijo único y mi padre nos abandonó cuando yo me accidenté, se fue con otra mujer, más joven, más fuerte y más rica que mi madre.

Suelo salir a sentarme debajo del palo de limón que está en el patio de mi casa, esperando con ansias que Carmencita llegue para mis terapias, esta vez no ha llegado, no vino, cuando el sol se marchó y la noche llegó, llegó con ella su madre, doña Mariana, le confesó a mi madre que Carmencita se ha ido con un muchacho, en realidad es mi primo, se van a casar y vivirán en la capital, así que, me he quedado solo, ya no podré verla y mi clandestino amor se ha roto en mil pedazos.

Soy un cobarde, he dejado a mi madre sola, a las doce de la noche he ido hasta el cuarto donde mi mamá guarda todas las cosas que mi papá usaba para el trabajo en el campo y he tomado una soga, me he subido a una silla y me he puesto el lazo alrededor de mi cuello, la única muleta que me sostiene la he tirado lejos de mí y he pateado la silla hasta que mi cuello se ha estrangulado.

He dejado sola a mi madre, pero ahora ella tendrá más posibilidades de salir adelante, pues yo para todos no fui más que una carga, un bulto, y con los años ya nadie me extrañará, quizá solo ella, mi madre, pero con el tiempo se resignará, deseo que busque un compañero que la ame y la cuide, yo… yo me he ido de aquí, porque aquí, jamás fue mi lugar.

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