LA TRINCHERA

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ELLA BAILA SOLA

Por: Byron Mural

 

Lorena se ha dado la vuelta en la cama, se siente humillada, por más que lo intenta su marido parece no sentir ninguna atracción por ella y aunque Gabriel aparece cada quince días y a veces hasta deja pasar un mes para venir a verla, ella sabe que él tiene otra mujer, siempre dice lo mismo, que ha venido a descansar que no tiene ganas y saca una letanía de excusas para no hacerla su mujer. Lorena no puede borrar de su mente los mensajes que una tal Alexia ha enviado al celular de su esposo, se limpia disimuladamente las lágrimas mientras lamenta tanto vivir con alguien que la tiene tan abandonada. El sol aparecerá pronto y Gabriel se volverá a marchar, otros quince días sola, en realidad siempre lo está. Empieza a cansarse, aunque ir seguido a la Iglesia y estar en círculos de oración, pertenecer a una hermosa célula la mantiene “cuerda” es un ser humano y sentirse no deseada por su esposo, el hombre al que juró amor eterno en el altar la desanima.

 

Gabriel se despide con un beso frío, parece desesperado por irse, el celular no ha dejado de sonarle en toda la mañana, Lorena sabe que es la otra, lo espera como si aquel fuera su hogar, no éste. Su marido levanta sus maletas y se va con el rostro iluminado, pareciera que ha cumplido la condena un fin de semana  encerrado con ésta mujer, ella lo sabe y le lastima. Su esposo cierra la puerta y ella se sienta a llorar desconsolada. No pasa mucho cuando otro papel se desliza debajo de la puerta y va a darle justo a los pies de la joven señora. Es otro anónimo, ella sabe quién lo manda. Lo abre y lo lee: “Mi bella dama tan sola otra vez, si tan solo me dejara entrar en su casa y en su corazón, solo una oportunidad”. E.L.

 

Sí, es Enrique Leiva, su vecino, un joven de quizá unos diecinueve o veinte años, le ha insistido tanto enviándole mil veces solicitudes al Facebook, pero ella nunca se las ha aceptado. Se limpia las lágrimas y por primera vez en su vida le ha dado cabida a la duda. Pero retrocede, “Jesús bendito perdóname” piensa arrepentida, se lo ha imaginado desnudo en su cama, no, iría derechito al infierno, ella está casada, le ha jurado amor eterno y fidelidad a Gabriel y así debería de ser. Pero casi instantáneamente toma la decisión de responderle uno de tantos mensajes privados que el joven le ha dejado en Facebook. “Hola” ha sido la respuesta que le ha abierto la posibilidad al muchacho que todas las noches sueña con derribar la pared que separa su cuarto de el de Lorena, la vecina que lo vuelve loco.

 

Enrique está que salta en un pie de la felicidad, hoy por la noche, cuando la ciudad duerma, cuando el silencio envuelva cada cuadra y la oscuridad tiña de negro cada rincón de éste pueblo él podrá entrar por fin en la casa de su vecina. Rayos ¿Qué se pondrá para visitarla, que ropa ponerse?. Qué ironía si ella lo ha visto en fachas haciendo lagartijas en el patio y ejercitándose por las tardes, pero debe verse impecable. La cita es a las doce y media de la noche, no importa desvelarse, no le interesa.  Al otro lado de la pared, Lorena termina de maquillarse pareciera que fuera a salir, pero no, al contrario vivirá por primera vez la experiencia de la infidelidad, escucha un toque quedito en la puerta mira su reloj en la pared, son las doce treinta en punto. Corre a abrir y allí está el joven, ella se pone nerviosa y le pega un jalón que casi le arranca el brazo, lo hace entrar y saca la cara a la calle para cerciorarse que nadie lo ha visto entrar.  Ella no deja que él pronuncie palabra alguna, los dos saben por qué el muchacho está allí, los dos lo han deseado desde siempre, con la diferencia que ella tardó más en aceptarlo.

 

Han hecho el amor en la cama, como si alguien les estuviera tomando el tiempo, sus cuerpos se han enredado apasionadamente y ella se ha vuelto a sentir mujer, su rostro cobra vida y su alma marchita parece volver a tener color, el joven sudado la mira con cariño, le besa la frente y le come la boca cada vez que puede, ella está cansada de tonto placer, por un momento ha olvidado que ha cometido adulterio y que si su iglesia se entera la mandará derechito al infierno.

 

Antes de que el sol aparezca nuevamente en el horizonte, el furtivo amante desaparece cubierto por la oscuridad, antes de irse le ha dicho que por la mañana podrá una canción en su cuarto a todo volumen, es para ella. Ella no se ha movido de su cuarto esperando escuchar la canción que el muchacho ha prometido, cuando el reloj da las ocho de la mañana una romántica canción suena, parece que el autor los hubiera visto, describe cada momento juntos la noche anterior, ella se acerca lentamente al espejo y sonríe como tonta, ella baila sola despacito mirando su figura como se refleja, está feliz, otra vez se siente viva, espera que llegue nuevamente la noche para que la historia se repita, ya no importa si su marido vuelve o no. La canción termina y hay un silencio.

 

En una noche su forma de pensar ha cambiado muchísimo, no importa cometer adulterio si eso te devuelve la vida, claro las señoras santulonas de su Iglesia jamás lo entenderán ni que jamás se enteren, si lo hicieran ella deberá ir derechito al infierno por infiel. Dios la entenderá muy bien y eso que él no es humano, comprende que a veces si hay excusas para quebrantar las leyes que los humanos defendemos con tanta pasión. Lorena ha empezado una nueva vida, una vida de apariencias, pero irónicamente ahora es que empieza a ser más feliz, lo que ella no sabe es que en su vientre una nueva semilla empieza a crecer.

amantes ella baila sola (1)

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